El videoclip de la canción oficial, la verdad es que el ritmillo de la canción se sale. ¡Que llegue ya junio!
La canción oficial del mundial es una versión de la original de K’naan:
Mis salidas son sólo palabras que escribo y que se desvanecen en la memoria
El videoclip de la canción oficial, la verdad es que el ritmillo de la canción se sale. ¡Que llegue ya junio!
La canción oficial del mundial es una versión de la original de K’naan:
Ahora que ya he conseguido ver la fantástica superproducción de James Cameron puedo opinar por fin sobre la película. Debo decir que técnicamente no me ha sorprendido. La tecnología 3D (que prometió en un principio ser tan revolucionaria) me ha dejado la misma sensación que la de las 3D de toda la vida, muy similares a lo visto en el Imax de Madrid. Es decir, espectaculares pero no tantísimo como se aseguraba antes de estrenarse el film. Aunque ni que decir tiene que los efectos especiales son de lo mejor visto hasta la fecha (¡Los Na’vi parecen de carne y hueso!)
Lo que me ha dejado muy buen sabor de boca es el mensaje que transmite la película, aderezado con un mundo fantástico en el que da gusto perderse y en el que me gustaría quedarme a vivir. Algo similar sentí con la magia de las primeras películas de Harry Potter, antes de que todo el chiringuito se viniera abajo a partir de la tercera entrega, que todavía me parecía aceptable…
Pero volviendo a Avatar, la verdad es que ese mundo fantástico es genial, y es, como digo, el marco ideal para transmitir unos valores que hemos perdido. En la peli, como tan de moda últimamente, los malos volvemos a ser los humanos, al menos de forma general, porque siempre hay alguien que se rebela… La raza humana, cegada por la codicia de un nuevo mineral, se lanza a la destrucción de un planeta sin saber las consecuencias de sus actos. E incluso, cuando descubren el alcance que sus acciones supondrán, no tienen ningún escrúpulo en seguir adelante con la misión.
Los Na’vi, por su parte, viven alejados de este tipo conciencia inconsciente, y respetan su planeta con una religiosidad que es incluso estremecedora. La religión católica, de hecho, ya criticó la película, y creo que precisamente se debe a esa veneración que los Na’vi tienen por la Naturaleza. Me pregunto que hay de malo en esa veneración, al fin y al cabo es la que nosotros, los seres humanos, estamos dejando de respetar. Porque, a pesar de las creencias religiosas, todos, en el fondo, tenemos esa sensación de que el planeta deber ser respetado, aunque estamos cada vez más insensibilizados ante ello. Gaia se muere, y nosotros no hacemos nada. Y, con Na’vi o sin ellos, intentaremos tarde o temprano expandirnos hacia nuevos horizontes, para colonizar destruyendo, sin entender que, para expandirse, primero se han de tener bien cuidadas las propias tierras.
Últimamente, ese mensaje de aviso de la destrucción que estamos provocando ya se ha visto en otras películas, cada vez está más de moda, y yo siempre he sido de los que han pensado que las películas siempre nos mandan un mensaje acerca de nuestra condición y nuestros actos, como si en el subconsciente de los directores viviera una voz de alarma ante el mundo que le rodea y que lucha por salir a través de sus trabajos. Recuerdo, de hecho, esa película relativamente reciente llamada “El Incidente“: La Naturaleza se rebelaba contra el ser humano de manera autodefensiva pero letal. Y la crudeza con la que morían las personas no era más que el reflejo de lo que nosotros estamos haciendo con el planeta.
Hace apenas un par de días, escuchaba a Iker Jiménez decir que Avatar le había dejado impresionado. De hecho, finalizó su programa Cuarto Milenio con unas palabras dirijidas hacia la película. Le había agradado especialmente el mensaje que la película transmitía y el genial mundo fantástico que se había conseguido crear. Dijo algo así como que ciertas personas criticaban a la película por no tener un guión muy trabajado, una historia realmente innovadora… Y dijo ¿qué importa? Hay que disfrutar de la imaginación, de la fantasía, y dejarse llevar por los múltiples mensajes positivos y realmente verdaderos de la película. Finalizó afirmando: “Me alegro de que la fantasía haya vuelto a triunfar”.
Yo estoy totalmente de acuerdo, y el trabajo de James Horner a cargo de la banda sonora, como dicen muchos, es “más de lo mismo”. Sin embargo, en vez de criticar esto como algo negativo, me parece estupendo. Este compositor, creador de bandas sonoras tan recordadas como Braveheart o Titanic, ha creado una composición que, en mi opinión, sí hace justicia a la película y que a mí si me puso los pelos de punta en ciertas escenas, como la de la escalada al Iknimaya.
En definitiva, yo también me alegro de que la fantasía (y el dúo James-James) haya vuelto a triunfar.
El Camino de Santiago ya se ha convertido en algo que va mucho más allá de la creencia religiosa de cada uno. A pasado a ser un reto vital. Todo surge a partir de la leyenda, y antiguamente era una costumbre religiosa.
Sin embargo, en la actualidad, cada vez es mayor el número de personas que se apuntan al viaje. Un viaje que admite variadas rutas alternativas, que cada vez está más de moda entre españoles y extranjeros. De hecho, una gran parte de la gente que se decide a hacer el Camino no alude a motivos religiosos, tal vez sí espirituales, como experiencia personal enriquecedora, pero no religiosos en cuánto a la creencia en el Apóstol Santiago. No obstante, hay algo en esta tradición que supera esos motivos religiosos, como si el Camino desprendiera cierto aroma a magia, como si apelara a algo místico, mucho más profundo, que está presente tanto en creyentes como en no creyentes.
La magia del Camino es precisamente que te encuentras con gente que va toda a Santiago de Compostela, pero toda por diferentes motivos y por diferentes caminos. Creo que en esa motivación de hacer la ruta juega un importante papel el hecho de la superación personal, el contacto con la naturaleza, el encontrarse con uno mismo. Ya sea andando, corriendo o en bicicleta, estoy seguro de que, al llegar a Santiago, ya no eres el mismo que al comienzo del camino.
Lejos de hablar del negocio que pueda suponer la ruta para algunos (o muchos), creo, como diría Sebastián Álvaro, reconocido montañista y mítico director de Al Filo de lo Imposible, que el Camino de Santiago es una de esas cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida. A todos los peregrinos, el primer día de andadura, se les preguntan los motivos por los que se han dispuesto a hacer el Camino. Sebastián Álvaro lo tuvo muy claro hace unos días: espiritual, deportivo y cultural. Si acabo haciendo el Camino este año (por eso de que estamos en año Xacobeo), creo que mis motivos serán, como mínimo, idénticos a los suyos.
Esos carteles tenían algo especial. En la mayoría de ocasiones no eran más que dibujos en los que sus autores intentaban retratar de la manera más fiel posible la temática de la película y los rasgos de sus actores principales. Y en la mayoría de las ocasiones parece que lo conseguían. Me refiero a carteles como el de La Guerra de los Mundos (1953), Drácula (1931), Blade Runner (1982), Ciudadano Kane (1941), Casablanca (1942) e incluso el Gran Dictador (1940).
Imágenes a camino entre el dibujo y la fotografía. Personajes impactantes al fondo, sobre todo precisamente gracias a esa combinación única. Sobre ellos, estampado en grandes y cómicas letras (como si en cualquier caso fueramos a ver una especie de comedia) el nombre de la película y de los actores protagonistas. Todo ello envuelto en un estallido de colores chillones en la mayoría de casos, compartiendo ciertas similitudes con las portadas de Marvel o DC Cómics.
Los carteles más actuales, como los de la última versión del Señor de los Anillos o el de la reciente Avatar, ya forman parte de la historia del cine por lo que sus películas han representado, por los premios obtenidos y por el dinero recaudado, pero tendrán que pasar al menos cincuenta años más para que se conviertan en clásicos. ¿Y que pasará dentro de cincuenta años: cómo se promocionarán las películas? ¿Se impondrá definitivamente la tecnología 3D como estándar o fracasará? De hecho cabría preguntarse ¿seguirá existiendo el cine como tal o los equipos domésticos serán tan avanzados que ni siquiera merezca la pena ver un estreno pagando?
Bueno, como todas las artes, tendrá que seguir adaptándose y renovándose con el paso del tiempo para sobrevivir. Exactamente lo mismo que ha pasado durante más de diez décadas con esos carteles clásicos, que han ido evolucionando desde la artesanía de un lápiz y un pincel hasta la fotografía de hoy en día, en la que los actores tienen una apariencia siempre pulcra, perfecta y ciudadosamente iluminada.
Cuando empieza la Liga, es como ir por primera vez al parque de atracciones. Y sabes que la gente como tú solo hace cola en una atracción: la clásica montaña rusa. Además, sabes que cuando subas crujirá, como las auténticas y únicas montañas rusas, fuerte y compacta, pero chirriosa y estridente… amenazadora incluso. Es el primer día, el día de la ilusión máxima, el día en el que no hay cola para subir a la atracción, porque desde ese primer día ya has subido. Desde ese primer día estás en lo más alto y en lo más bajo en cuestión de segundos. Desde ese primer día eres rojiblanco, y el baile de resultados imposibles da comienzo.
El Atlético de Madrid es una montaña rusa clásica, sí, pero también tiene sus particularidades: descensos muy prolongados de pendiente no excesivamente pronunciada acompañados de fuertes subidas que más bien se asemejan a las de la Lanzadera. Pero no hay que confundirse, la Lanzadera suele estar ocupada por el Madrid y el Barcelona, y además siempre hay cola. Sin embargo, las alegrías de la montaña rusa rojiblanca son incomparables. He de decirlo, la Lanzadera nunca me ha gustado, nunca he montado porque me da pánico. Y tal vez eso le pasa al Atleti, que por no montar en la Lanzadera prefiere otro tipo de sensaciones. Tal vez solo se trata de montar de nuevo, de volver de nuevo a la zona alta.
Pero, mientras tanto, en la montaña rusa subes poco a poco, muy poco a poco, y las baldas de madera chirrian, crujen, como diciendo “aquí estoy y no dudaré en desprenderme en cuanto perciba tu miedo”. Pero sales adelante porque sabes que hay más vagones ocupados por hinchas incansables que unidos hacen una familia. Y sientes su emoción durante 38 jornadas de Liga y, si hay suerte, algunas más de Champions, Europa League (ya no se lleva UEFA y mira que es dificil olvidar el maldito acrónimo) o Copa del Rey. Y cuando bajas la pendiente a toda velocidad siguen ahí, cuando están abajo y todo parece perdido se cabrean que da gusto, pero siguen apoyando al equipo. Y cuando subes… cuando subes la pasión se desborda, y se vive en el estadio, en la televisión, en la radio… Cuando subes no hay distancias que separen el fiel sentimiento rojiblanco.
De todas formas, no deja de ser esa montaña rusa de sensaciones y, ahora, los vagones están en lo más alto, y por eso la pasión se desata y uno puede escribir a gusto sobre ellas y decir: “soy del atleti”. Pero solo tras la siguiente curva se adivina si existirá una nueva subida o un estrepitoso descenso. Mientras tanto, a disfrutar del momento, mientras desde arriba se ve la cola de la Lanzadera, en la que blancos y azulgranas no paran de repetir la experiencia, y mientras las baldas de madera parecen crujir de nuevo: Esperemos que se trate de una nueva subida.
Bonita cifra, aunque admito que he hecho trampas. A no ser que tenga la poca vergüenza de considerar post propiamente dichos a la cantidad de ellos en los que sale un vídeo y muchas veces sin acompañamiento de texto. Pero sí, ha coincidido, y queda estético, asi que ¿por qué no señalarlo?
Y por otro lado, ¿que se puede decir en el primer post de 2010 a las 3:54 de la madrugada? Bueno, poca cosa, salvo que el tiempo pasa demasiado deprisa. Lo que si se puede es hablar de 2009. En cuanto a música no se que destacar; supongo que es cierto que la época dorada del rock’n'roll ya hace tiempo que pasó y ahora nos invade lo comercial; pero hay buenas noticias, como la vuelta de los Rolling Stones a los escenarios y… bueno, poca cosa más. Los grupos actuales siguen sacando buena música en líneas generales, pero falta ese viejo espíritu que movía a la gente y convertía el rock en una forma de vida. Aunque supongo que es la época, modas que van y vienen movidas por la corriente que forma la sociedad. Lo bueno es que ese espíritu no se ha ido del todo, y puede resurgir en cualquier momento.
Hablando de modas, es muy curiosa la forma en que se está imponiendo la realidad virtual en el cine y en los videojuegos. Este ha sido un año en el que se ha visto la base sobre la que se quiere trabajar en el futuro, y a veces resulta apasionante, otras inquietante, otras aterradora. Es tal el nivel al que se ha llegado que tal vez dentro de poco no usemos botones para jugar, ni siquiera necesitaremos mover un mando, y podríamos llamar por tlf mediante un holograma, o abrir el maletero del coche presionando una mano levemente. ¿Y en el cine? El cine 3D ya existía desde hace tiempo, pero este año se ha producido el apoteósico estallido de películas compatibles con esta tecnología, unas más sonadas, otras menos, siendo el gran taquillazo la película Avatar, producida por James Cameron y de estreno estas navidades. Es solo un avance de lo que nos espera, y ya se dice en los medios que “el 3D y la animación es el futuro del cine”. Y en 2010 van a atacar nuestra cartera con las nuevas televisiones, especialmente preparadas para esta tecnología.
Pero si seguimos hablando de tecnología la robótica no se queda atrás. Lo que hasta hace poco no eran más que simples prototipos ahora están empezando a incorporarse a la sociedad, como brazos robóticos que sirven comida sin necesidad de la presencia de un humanoide controlando el proceso. Y lo más inverosímil de todo: entretienen a los clientes a base de peleas con cuchillos. Sinceramente, el otro día, al ver en la televisión dos brazos mecánicos luchando con cuchillos recordé esos auténticos clásicos de ciencia-ficción en los que los robots se rebelan contra la humanidad (¡Y no digamos que las películas no nos avisaron!).
Ahora hablemos de literatura: El olor y el sonido de las páginas, el aroma de la tinta, el diseño de la cubierta, otro espacio cerrado en la colección de la estantería. No, olvídate. Si hablamos de literatura también hablamos de tecnología, porque se imponen los libros electrónicos. Si no sabes lo que son vives fuera de la sociedad, lo cual puede llegar a ser muy malo para ti, asi que entérate: Máquinas con pantallas en las que almacenar ingentes cantidades de libros, con las gratas ventajas de tener un todo-en-uno bien organizado, donde leer novelas, periódicos, revistas y todo lo que nos echen. Asi que si no te importa destruir el sentimentalismo de un libro cuyo goce no solo se siente al leer, bienvenido a la nueva forma de devorar información y cultura en el Metro.
¿Que más ha pasado? Ah si, la pobreza ha seguido aumentando, la destrucción de la naturaleza ha seguido aumentando, la estupidez de los políticos ha seguido aumentando, y su ansia de poder y riquezas ha seguido aumentando. En fin, como los impuestos, que aumentan y aumentan cada año, sin que nadie pueda frenarlos. Pero, salvo el tema de los impuestos, ¿lo anterior que importa? En el fondo, queriendo o no, somos partícipes de esa misma pobreza, de esa misma destrucción, de esa misma estupidez… Y nos da igual. Disfrutamos de una comodidad que no nos permite ver más allá, y seguimos ciegos.
Sí, ciegos. Porque creemos que llevamos gafas de sol para que este no nos haga daño, pero en realidad son vendas para no ver lo que no queremos ver. Y, como dijo el gran Alberto Vázquez Figueroa, el coltan puede acabarse, y entonces nuestra preocupación por el petróleo se quedará en pañales en comparación con la nueva situación.
Empezamos hablando de Rock, terminamos hablando de coltan. Así es la vida, supongo, que cambia de tema cada dos por tres, y a veces cuesta entenderla, hasta el punto de que nos da pereza cambiarla.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar
Antonio Machado

La tarde huele a ganas de llover y el corazón late demasiado deprisa
¿porqué te tocó enamorarte de él que siempre fue un perdedor sin camisa?
Aquella noche le atravesaron al compañero de tu hermana con un balazo
Y al abrigo de las sombras con un médico acabado en la guarida él estaba a su lado
Ideales de locura en su cara enredados por completo en una tela de araña
Tus ojos azules de mirada tan limpia le hicieron olvidar el miedo de huir
Que difícil es contar los pasos que se dieron por la libertad
Que difícil es mirar los días robados ahogados en sangre
Sin ventanas y sin puertas el pasado se condena
Que difícil es contar los pasos que se dieron por la libertad
Días de angustia y de soledad después de la noticia de la última emboscada
La larga espera, los días de cárcel, la visita anual antes de Navidad
Y hoy por fin con los nervios en un puño le verás salir después de veinte años
¿A cuántos robaron la juventud y a cuántos más se los liquidaron?
Acabó la guerra pero no acabó el miedo
y por fin empezaron los abrazos más tiernos
Tus ojos azules de mirada tan limpia le hicieron olvidar el tiempo de sufrir
Que difícil es contar los pasos que se dieron por la libertad
Que difícil es mirar los días robados ahogados en sangre
Sin ventanas y sin puertas el pasado se condena
Que difícil es contar los pasos que se dieron por la libertad
(Que difícil es contar, que difícil es mirar) Por la libertad
(Que difícil es contar, que difícil es mirar) Por la libertad
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